S.E.R. Mons. Joseph Wesoloski.

Actual Delegado Apostolico para Puerto Rico

 

Delegación Apostólica para Puerto Rico:

 

              ¿Qué relación hubo históricamente entre el Romano Pontífice y la Iglesia en Puerto Rico? El papa Julio II había concedido en 1508 el Patronato de las Iglesias de las Indias a la Corona de España. El Real Patronato le concedió facultades y privilegios extraordinarios a los monarcas españoles en lo que respecta tanto al mantenimiento económico y provisión de los Obispos de las Diócesis del Nuevo mundo que aunque creadas por el Papa, eran supervisadas por la Corona y sus organismos. Era la Corona la que presentaba las ternas de Obispos a la Santa Sede para la elección de los candidatos a los Obispados de las Indias. El Papa concedía el mandato apostólico para ordenar a un presbítero Obispo, pero era la Corona la que se encargaba de lo demás, respetando usualmente las normas canónicas vigentes. Muchas veces los gobernadores de Puerto Rico, entendiéndose los Vice Real Patronos pretendían actuar como superiores de los Obispos de la isla. En Madrid el Papa tenía su representante diplomático, el Nuncio, que le representaba en forma estable ante la Corona española. Pero los Nuncios ni intervenían ni mucho menos visitaban las iglesias en las Indias. La conocida película “The Mission” presenta una versión totalmente falseada de la acción de un Nuncio en las Misiones Guaraníes del Paraguay.
       Las relaciones entre la Corona de España y la Santa Sede , trastocadas por la invasión napoleónica de la península y la posterior independencia de los Virreinatos americanos, sufren grandes transformaciones a lo largo del siglo 19. El Patronato Real se secularizó dramáticamente y en vez de ayudar a la Iglesia de las Indias restantes (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) las estrangulaba en muchos sentidos. Hubo un nuevo Concordato entre la Corona y la Santa Sede en el 1850 y luego de la restauración Borbónica al concluir el ensayo de la Primera República, en el 1874 se inauguró una nueva relación entre la Nunciatura de Madrid y las colonias. La Iglesia de Puerto Rico, además de participar en la persona de su Obispo, Mons. Pablo Benigno Carrión en el Concilio Vaticano I, tuvo una relación más directa con el Papa a partir del 1874. El 24 de agosto de 1895 el Arzobispo de Santiago de Cuba, Mons. Fr. Francisco Sáenz de Urturi y Crespo, OFM, escribe al Obispo de Puerto Rico y le indica que en los asuntos eclesiásticos, por Real Orden “la soberanía es dada por el Nuncio de Madrid” (Archivo Eclesiástico de Puerto Rico, San Juan). El mismo Nuncio en Madrid se acredita ante el Obispo de Puerto Rico como Delegado Apostólico para la Isla en carta del 31 de diciembre de 1896 (citado por el  Dr. Arturo Dávila, “I centenario de la Delegación Apostólica”, El Visitante, 19 de junio de 1999, vol. 25, no. 25, p. 1, en referencia a comunicación en el Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Puerto Rico, 28 de febrero de 1899, Año XXIX, no. 2 y el 30 de septiembre de 1899, Año XXIX, no. 8).
Todavía a comienzos de 1899 no había Delegado Apostólico ni en Cuba ni en Puerto Rico, ya que el Papa eligió al Arzobispo de Nueva Orleans , Mons. Plácido Louis La Chapelle, como Delegado Apostólico Extraordinario para representar los intereses de la Iglesia en las negociaciones entre Estados Unidos y España en París. Fue Mons. La Chapelle quien introdujo en el Tratado de París la Cláusula octava donde se protegían las propiedades eclesiásticas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas (consulte Luis J. Torres Oliver, Estampas de Nuestra Iglesia, San Germán, 1989, p. 114). También se le encomendó gestionar los nombramientos de los nuevos Obispos para sustituir a los españoles.      
         Como Puerto Rico no tenía soberanía nacional jurídica en el 1898 cuando por el Tratado de París pasó a pertenecer a los Estados Unidos, la Santa Sede con el importante Breve Pontificio “Actum Praeclare” (20 de febrero de 1903) del Papa León XIII reorganizó las jurisdicciones eclesiásticas de las iglesias en las islas anteriormente pertenecientes a España y tras la Guerra Hispanoamericana vinculadas a la naciente potencia imperial de Estados Unidos de Norteamérica. La Santa Sede se distinguió por su independencia de criterios ante las amenazas de anexión eclesiástica a alguna de las Provincias Eclesiásticas de los Estados Unidos. Varios jerarcas norteamericanos albergaban deseo de recibir a Puerto Rico como parte de sus Región Metropolitana. Era el caso de Nueva Orleans y Nueva York.
           Pero la Santa Sede desligó la Diócesis de San Juan de Puerto Rico de su anterior metropolitana, Santiago de Cuba y la ligó directamente a Roma. La Santa Sede así reconocía la peculiaridad, la nacionalidad natural de Puerto Rico y su identidad propia como Iglesia y como pueblo. En este estado canónico peculiar quedó nuestra Diócesis única hasta la creación de la Provincia Eclesiástica de Puerto Rico en el 1924.
       La Delegación Apostólica Extraordinaria de Mons. La Chapelle duró hasta el 1905. Luego vino como Delegado Apostólico para Cuba y Puerto Rico S.E.R. Mons. José Aversa (1906-1911). El próximo Delegado Apostólico para Puerto Rico, Cuba y República Dominicana, lo fue Mons. Alfredo A. Noel y Bobadilla (1913-1915). Fue seguido por el Delegado Apostólico Mons. Tito Trochi (1915-1921). Mons. Pietri Bendetti  fue Delegado para Puerto Rico del 1921 al 1925, seguido de Mons. Jorge G. Caruana (1926-1935) que también fue Nuncio en Cuba a partir del 1935 hasta el 1947, Mons. Antonio Taffi (1947-1950), Mons. Guiseppe Burgio (1950-1954) y Mons. Luigi Centoz (a partir del 1954).
       Hubo un intervalo de tiempo una vez comenzó Mons. Centoz en que el Vaticano estuvo directamente a cargo de la representación en Puerto Rico antes de que se escogiese al Nuncio en Santo Domingo como Delegado Apostólico para Puerto Rico. Desde el 1866 se había creado la Delegación Apostólica en Santo Domingo. Hubo varios Vicarios Apostólicos en dicha República, algunos de los cuales también fungieron como representantes del Papa en Haití y Venezuela. La Nunciatura de República Dominicana  como tal comenzó en el 1930 cuando la Santa Sede estableció relaciones diplomáticas con dicha República. Compartió con la vecina República de Haití su Nuncio (que solía residir en Puerto Príncipe) hasta que en octubre de 1953 tuvo Nuncio propio en la persona de Mons. Salvatore Siino. Pero el primer Nuncio en República Dominicana que fue simultáneamente Delegado Apostólico para Puerto Rico lo fue Mons. Lino Zanini, nombrado el día del Carmen, 16 de julio de 1959. Fue nuestro Delegado Apostólico hasta el 1961. Fue instrumental en la creación de la nueva Diócesis de Arecibo en el 1960.
       Durante la época del Concilio y la parte más difícil de la dictadura de Trujillo fue Nuncio en Santo Domingo y Delegado para Puerto Rico Mons. Emanuele Clarizio, nombrado el 14 de octubre de 1961. Ejerció dicho cargo hasta el 1966. Fue el encargado de notificar al futuro Sr. Cardenal Aponte Martínez su designación como Obispo Auxiliar de Ponce y luego segundo Arzobispo de San Juan. Le sucedió en el cargo Mons. Antonio del Guidice, nombrado el 19 de agosto de 1967, que ejerció dicha representación hasta el 1970. Mons. Luciano Sotero, nombrado el 24 de diciembre de 1970 fue Delegado Apostólico para Puerto Rico y Nuncio en la República Dominicana. Mons. Giovanni Gravelli fue nombrado el 12 de julio de 1973 y tuvo otro desempeño importante en nuestra Iglesia, ya que se establecieron tres nuevos Obispos Auxiliares para San Juan, uno de los cuales, Mons. Hernández, pasó a ser Obispo de Caguas. Notificó al Obispo Mons. Méndez de Arecibo la elección de su primer sucesor, Mons. Miguel Rodríguez, CSsR en enero de 1974. También diligenció la erección de la Diócesis de Mayagüez en el 1976 y la consiguiente elección de su primer Obispo, Mons. Casiano.
       Fue sucedido en el cargo por Mons. Blasco Francisco Collaço, natural de la India, que ejerció como Nuncio en Santo Domingo y Delegado Apostólico para Puerto Rico desde el 1982 hasta el 1991. Su Santidad Juan Pablo II visitó Puerto Rico durante su Nunciatura en la República Dominicana. Después de su larga estancia de 9 años entre nosotros pasó a las Nunciaturas de Madagascar, luego Bulgaria y hoy día se encuentra en Sud Africa. Mons. Fortunato Baldelli, natural de Asís, venía de la Nunciatura de Angola. Tuvo una Nunciatura breve pero muy importante. Abarca los años 1991 a 1994. Durante su Delegación se nombró al nuevo Obispo de Arecibo, Mons. Mallona y se configuró el Seminario Interdiocesano. Ayudó en la creación de la nueva Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros en República Dominicana. Durante su tiempo entre nosotros tuvo lugar la Cuarta Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, celebrada en ocasión del quinto centenario de la Evangelización de América. Pasó a la Nunciatura del Perú para encarar las confrontaciones de los guerrilleros con el gobierno y la toma de la Embajada del Japón y luego pasó a la Nunciatura de París, donde al presente se encuentra. Mons. François Bacqué, natural de Burdeos, Francia, venía de la Nunciatura de Sri Lanka en Asia. Desde el 1994 hasta el 2001 desempeñó una muy importante misión en Puerto Rico y en Santo Domingo, ayudando a sanar varios asuntos pastorales pendientes y colaborando en la Sucesión tanto de la Diócesis de Caguas como en la de Ponce y en la Arquidiócesis de San Juan.
            Hoy en día, el Papa envía sus representantes diplomáticos tanto a los Estados que tienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede como a los Estados y/o a las Iglesias o Conferencias Episcopales que pertenecen a Estados o Regiones donde no hay un tal reconocimiento a nivel del derecho internacional del Estado de la Ciudad del Vaticano. A los primeros se les llama Nuncios o si es ante una Iglesia, no un Estado, Delegados Apostólicos. El Nuncio Papal es el decano del cuerpo diplomático donde hay relaciones diplomáticas entre los gobiernos y la Santa sede. En República Dominicana el Nuncio es el Decano de los embajadores en la República. Hay un Nuncio Apostólico en Washington, así como lo hay en Madrid, Bogotá, o en Rabat. A veces puede haber un Nuncio para varias naciones (ej., para Uzbekistán, Kazakastán y otras ex-Repúblicas Soviéticas del Centro del Asia o para Costa Rica y Nicaragua), dependiendo de la importancia y complejidad de las Iglesias en esas naciones.
            Los Delegados Apostólicos no son embajadores de la Santa Sede ante un Estado Soberano sino representantes del Sumo Pontífice en una Iglesia particular. Este es el caso de Puerto Rico, que comparte en la misma persona al que es simultáneamente Nuncio en la República Dominicana y Delegado Apostólico para Puerto Rico.