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MENSAJE

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MONS. ​ROBERTO OCTAVIO GONZÁLEZ NIEVES, O.F.M.

EN OCASIÓN DEL CIERRE DEL CINCUENTA ANIVERSARIO DE LA DIÓCESIS DE MAYAGUEZ Y DEL PRIMER ANIVERSARIO DEL PONTIFICADO DE LEÓN

Querido Presidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña


Querido Obispo anfitrión y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña Queridos hermanos obispos


Queridos hermanos sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos, pueblo santo de Dios que peregrina en esta querida Diócesis de Mayagüez, la diócesis occidental.


No sólo esta diócesis está de celebración, sino toda la provincia eclesiástica de Puerto Rico. Celebrar un aniversario de una diócesis es algo más que recordar una fecha. Es celebrar la cercanía del Papa de ese entonces, san Pablo VI de atender las necesidades espirituales de nuestra gente y fundar una nueva diócesis y darle un Obispo fundador con un corazón de pastor, cuyo encomienda recayó en Mons Ulises Casiano, de feliz memoria, y de Lajas, de donde proviene la mejor piña del mundo.


Por un año han estado celebrando el aniversario fundacional. Estoy seguro que lo han hecho con memoria agradecida a tanta gente, a tantas religiosas y tantos religiosos, a tantos sacerdotes y laicos y laicas y a sus dos pasados obispos, Mons. Casiano y al moroveño Mons Álvaro Corrada del Río. En este jubileo senos ha interpelado por año a hacer memoria de estos 50 años. ¿Porqué hacer memoria en términos de la fe y la eclesialidad?


Nos decía el recordado y querido Papa Francisco que: “Hacer memoria de un evento, en cambio, no significa sencillamente tener un recuerdo; significa también y sobre todo esforzarnos en comprender cuáles el mensaje que ello representa para nuestro hoy, de forma que la memoria del pasado pueda enseñar al presente y convertirse en luz que ilumina el camino del futuro.” (Mensaje 70 aniversario de la deportación de los judíos de Roma, 16 oct 2013)


En sintonía con esas elocuentes palabras del Papa Francisco, oramos para que esta celebración nos permita a concientizarnos más en lo que significa esta Diócesis en el presente tiempo que estamos viviendo en Puerto Rico como iglesia y como patria. También pedimos que este jubileo ilumine nuestro caminar que es peregrinar a su vez y nos permita abrirnos paso al futuro que se nos aproxima.


Como decía San Juan Pablo II “que la memoria está llamada a cumplir un papel necesario «en el proceso de construcción de un futuro”. Sigan construyendo este futuro junto a su enérgico obispo que nos llegó desde Aguada, porque “en Aguada fue” que llegó Colón y con él tantas cosas atesoradas como la fe, el idioma, el amor a María, el signo de la cruz.


Tienen una diócesis con una riqueza espiritual y cultural que es una de las más religiosas en su piedadpopular. Una Diócesis donde la creación divina nos habla desde los “bellos atardeceres de Rincón” y las bellas playas de Cabo Rojo; una diócesis donde “las piedras cantan” como decía el aguadillano José de Diego; una diócesis que se viste y engalana con el mundillo mocano, que sabe al café de Maricao, a la dulce china de Las Marías, al hojaldre de Añasco, que sabe a las “aguas puras de Mayagüez”; una Diócesis que en su historia nos habla de María bajo la advocación de la Monserrate en su santuario de Hormigueros y en San Germán nos evangeliza con su famoso Porta Coeli. Y, para cerrar, con San Sebastián que nos permite rezar el rosario y orar mientras nos mecemos en sus famosas hamacas y nos deleitamos con su festival de la Novilla.


Hoy los Obispos de Puerto Rico, hemos querido conmemorar un día muy especial para la Iglesia, el primer aniversario de la elección del Papa León XIV. Un Papa al que sentimos muy cercano. Él nos visitó, especialmente en esta diócesis, antes de ser Papa cuando pernoctó en Aguadilla, un Papa que se crió en Chicago, lugar donde viven aproximadamente más de 200 mil puertorriqueños, un Papa que eligió también ser ciudadano latinoamericano y que en su elección, además de hablar en Italiano, en el único otro idioma que se dirigió al mundo, fue en español, como suelo decir que es el lenguaje de Dios.


Damos gracias a Dios por el Papa León XIV que es un Papa valiente, un Papa Profético, un Papa que evangeliza a tiempo y destiempo. Un Papa de la paz porque en León la paz es el anuncio de Cristo Resucitado y el anuncio de su Iglesia; una paz sin condiciones, desarmada y desarmante, una paz que es un don de Dios para todas las vidas, para todas las razas, para todas la religiones, para todas las etapa dela vida, una paz que no excluye a nadie.


Hoy celebramos la valentía evangélica de un Papa que se ha parado de frente a los líderes de gobiernos que hacen guerra, que lanzan bombas, que persiguen inhumanamente a inmigrantes y que no les respetan sus derechos humanos ni legales y que ha alzado su voz cuando no se respetan las soberanías de las naciones. Un Papa que su única defensa, que su único escudo y coraza ha sido el evangelio de Cristo. En este aniversario, oremos por el Papa León XIV para que a ejemplo de Cristo siga reflejando la luz de Cristo, siga siendo un eco del sermón de la montaña en el mundo actual y que nos confirme en la fe que nació en Belén, que resplandeció en el sepulcro nos desciendo en cada pentecostés.


¡Que viva la Diócesis de Mayagüez! ¡Que viva su Obispo! ¡Que vivan los católicos y católicas! ¡Que viva Puerto Rico! ¡Que viva el Papa! ¡Que viva María Santísima! ¡Que viva Cristo muerto y resucitado!


Mons Roberto O. González Nieves, O.F.M.


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